Piazzolla con voz

Balada para un loco, Los pájaros perdidos, Vuelvo al Sur, Chiquilín de Bachín, Adios Nonnino, o Balada para mi muerte, son algunos de los temas compuestos por Astor Piazolla a los cuales autores como Horacio Ferrer, Eladia Blázquez o Fernando Pino Solanas, le han puesto letra.

La idea de reunir a Norberto Rizzo y Fran Romguer, surge con el fin de crear un espectáculo intimo donde poner en valor el trabajo de estos grandes autores que aportaron su talento para enriquecer, aún más si cabe, la calidad de estas canciones emblemáticas de la obra musical mundialmente conocida de Astor Piazzolla.

Teleactor, dígame

El tiempo suele ser muy extraño. Hay veces que se pasa volando, y otras, la misma fracción de tiempo, se hace eterna. Y suele pasar, que esta duración del tiempo, no coincide casi nunca con la que queremos, o necesitamos. Si estamos muy agobiados, el tiempo se evaporará, y si deseamos que pase rápido, se volverá eterno.

Yo soy de la idea que sea como sea, el tiempo es uno de los valores más preciados que tenemos, y soy, además, de los que lo exprime al máximo.

Pero en esta carrera con el tiempo, muchas veces me surgen dudas de, para qué hay que correr tanto.

En profesiones como la mía, el factor tiempo es una guillotina que no sabemos muy bien cuando nos puede cortar la cabeza. Es estar siempre por delante de lo que va a suceder. Si no tenemos trabajo, las carreras de un casting a otro, se suceden en un sin parar. Si no hay casting, el tiempo será ese contrapeso contra el que hay que luchar, sumado a otros muchos más factores directos, para no caer en la desesperación. Pero es que, si tenemos trabajo, hay que estar pensando en qué vamos a hacer cuando se termine, porque puede ser que la cadena se ponga en movimiento y sigas trabajando, o quizás no este lo suficientemente engrasada, y comience a detener la marcha hasta quedarte quieto. Vamos, en paro.

Lo de “Be here now” se queda un poco de lado, y más bien se transforma en hay que salvarse el culo como sea.

Hace poco, leí un libro que potenciaba lo bueno que es vivir en la incertidumbre. Reflexionaba el autor que la estabilidad hace que uno caiga en la angustia y la depresión, y que vivir en la incertidumbre, genera mentes más creativas y potencia la imaginación. Aclaro que el autor no era actor.

Y en todo este cacao mental, que muchas veces no puedo evitar, me surgen las preguntas inevitables de si habré encausado mi vida correctamente, hasta cuándo podré seguir a este ritmo, por qué no habré elegido otra carrera, qué va a ser de mi el día de mañana, qué pasará a la hora de jubilarme… y un largo etc. Pero cuando escucho todas estas preguntas en mi cabeza, y me detengo a tratar de buscarles respuesta, me doy cuenta de que no son preguntas mías, sino el eco de las preguntas que me vive haciendo la gente que no entiende este estilo de vida, o por lo menos no la comparte.

Y, por otro lado, veo a compañer@s, que siguiendo las directivas de los demás aprovechan las buenas rachas, y hacen todo lo que el tiempo les permite. Cinco películas, dos series, presentaciones en eventos, escriben libros, dan charlas, clases magistrales, publicidad… “Y… es que cuando te viene una buena, hay que exprimirla”.

Y entonces mi cabeza vuelve a moverse y preguntarse cosas, por ejemplo, para qué elegí esta profesión, para hincharme de trabajar haciendo siempre de mí, sin elegir, por miedo a que se me acabe la buena racha, y lo hago todo sin componer un misero personaje que se diferencie del otro que acabo de hacer. Porque lo importante entonces es facturar, da igual si es comedia, drama, si hago de asesino en serie o de gay, o de cura o de lo que sea. Da igual que vuelva loco a los telespectadores que hacen zapping, porque al verme en varios canales a la vez peinado, vestido, y hablado como yo, no sabrán diferenciar cual es la serie que estaban viendo.

Lo bueno es que cuando se acabe la buena racha, tendré una buena cuenta bancaria que me permitirá vivir el resto de los años que me queden, más “quemado que el palo de un churrero”, recordando la gloria de haber sido y ya no ser.

¿El trabajo dignifica, o primero me dignifico yo, y luego elijo el trabajo?

Que maldita costumbre la de vivir haciéndome preguntas, que casi nunca tienen una sola respuesta.

Me gusta ser mujer

¿Por qué eliges textos de mujeres para dirigir? Esta pregunta me la han hecho muchas veces en entrevistas y fuera de ellas. Y siempre me llamó mucho la atención que me la hicieran. Por un lado, porque tampoco he dirigido tanto, seis montajes en teatro y dos cortometrajes, y uno de ellos como director de actores. Y en cuanto a los montajes de teatro, tres son de autoras (Lucía, La Maga de Marisé Monteiro – Jardín de Otoño de Diana Raznovich y Te pasa algo de Jimena Márquez) uno esta escrito por tres autor@s, entre ellos una mujer (NIE, un inmigrante de otros mundos de Elena Somodevilla, Paco Inestrosa y yo) y los otros dos están escritos solo por hombres (Y Dios los Cría de Paco Inestrosa y yo, y Fango Negro de José Gabriel Nuñez). Pero lo que no me cerró nunca, es por qué cuando he dirigido textos escritos por hombres, nunca me han preguntado por qué los elegía.

Evidentemente, y no es ningún descubrimiento, que el micro machismo o el machismo esta en tod@s nosotr@s, y lo solemos poner de manifiesto a diario. Si es una cuestión que nos viene culturalmente, o es una ideología personal, ya abre otro debate. Y lo que tenemos que reconocer es que esta en hombres y en mujeres.

Yo debo decir, a tanto defensor de la mujer, de la familia y de las buenas costumbres, que hay que revisar los discursos. Primero, por la mujer no ha nacido para ser la mamá de una familia patriarcal con la parejita de hijos niña-niño, como si fuera un juego de vajilla. En segundo lugar, porque hay tantos tipos de familias como personas sobre la tierra, y no existen categorías para ubicarlas. Y tercero, porque lo de buenas costumbres es un termino muy amplio y dependerá de muchas cosas.

Mi hermana y yo nos criamos con mi abuela. Una señora que al año de casarse y con una hija de un año, se separó de su marido (impuesto obviamente). Hablo del año 1935, Buenos Aires, Argentina. Con el paso del tiempo, ella se hizo cargo de dos nietos que rondaban los cinco y ocho años, huérfanos de madre, que era esa única hija que tenía cuando decidió separarse. Y con la ayuda de una máquina de coser y su empuje, hizo de nosotros lo que somos. No necesitó de un hombre a su lado para sacar una familia adelante, y digo familia porque eso es lo que hemos sido, una familia con una MUJER a la cabeza, y con la cabeza bien alta.

Qué pena me da que, a esta altura de la historia, todavía tengamos que acompañar a las mujeres para que algun@s señores y señoras, no se olviden que aquí somos todos iguales, con los mismos derechos y las mismas obligaciones, por supuesto.

Mi lema de siempre es resistir la injusticia, y creo que estamos en un momento que mejor que la resistamos porque sino de nada habrá valido la lucha de tant@s.

Ahora, debo deciros que el título que he elegido para este blog (Me gusta ser mujer) no es inocente, veremos cuánto micro machismo genera.

Se busca actor tonto para hacer de tonto

Comúnmente suelo darle muchas vueltas a las cosas en mi cabeza, y sobre todo cuando un tema se vuelve recurrente. Últimamente se ha dado que con diferentes personas que conozco de hace tiempo o recientemente, salga el tema de “esto de ser actor, de qué va?”.

Un tema que da para largo si empezamos a ahondar. Sobre todo cuando revierto la pregunta y espero la respuesta de quien me ha preguntado. ¿Qué crees tú que es ser actor? Y ahí comienza una lista innumerable de topicazos de lo más grande. Y en esa lista aflora lo mal posicionada que esta esta profesión, para los que la consideramos una profesión. La típica frase de: “A esta (señalando  a su hij@) tendrías que cogerla para el teatro porque tiene una gracia.” o “est@ es un actorazo (señalando también a hij@) pídele que llore”. Y como si esto fuera poco hay que sumarle: “Ustedes, los artistas, sí que vivís bien, para lo que hacéis y encima os pagan un pastón” “Lo que hay en vuestro trabajo es mucho vicio, todo el día de fiestas” Por suerte uno ha recibido una buena educación, y antes de decir lo que piensa, prefiere responder con una sonrisa y un enorme silencio.

Pero ente tanta cosa que me da vuelta por la cabeza, lo que más me desconcierta, es la visión interna que se tiene de ser actor. ¿Qué piensa la misma profesión de qué es o debería ser un actor?.

Yo siempre que doy mi opinión de qué siento al actuar, lo ejemplifico con una botella de refresco. Mi sensación es como si en el camerino, antes de salir a escena, quitaran a esa botella todo el refresco y la llenaran de otra cosa, y cuando termina la función, la vuelven a vaciar de lo que la han llenado y le meten de nuevo el refresco que le habían quitado antes de la función, o de la toma, si hablamos de cine o televisión.

Esa capacidad de poder transformarnos en otra personas, es lo que más me gustó siempre de esta profesión. Cómo con la ayuda de un director de actores a la cabeza, y un buen equipo, podemos trabajar en, a modo Frankestein, crear desde el papel una persona, y cuanto más alejada de uno mejor.

Pero de repente, esta idea de nuestro trabajo tambalea cuando te encuentras con “la inmediatez del día a día” de esta “industria”¿?. Y te encuentras con anuncios como por ejemplo: (Es real) “Se busca actriz esquizofrénica para importante papel de esquizofrénica en película de importante director.” O respuestas de directores de casting como: “Eres clavado para el personaje, pero eres argentino y el personaje es andaluz”

¿Dónde queda lo de la construcción del personaje? ¿En qué se transforma aquello de la Interpretación? Interpretación: del latín interpretario, es la acción y efecto de interpretar. Declarar el sentido de algo. Traducir de un lenguaje a otro.

La respuesta que he encontrado en la gente de la “industria” siempre es la misma, “es que al ritmo que se hacen las cosas, eso es imposible”. Todo es para ayer. En el caso de un capitular, llegas pasas texto y a grabar. Ni de dónde vengo, ni a dónde voy, ni quién soy, ni quién dejo de ser. A primera, y que salga bien. Diría una actriz a la que quiero mucho: “rapidito y matizando”.

Vittorio Gassmann (actor y director italiano de teatro y cine. Considerado entre los mejores actores italianos. Por si alguien no sabe a quién me refiero) decía:“Si alguien quiere ver un buen trabajo mio, que vaya al teatro” y coincido con él, en que el teatro en muchos casos, es el lugar donde el trabajo de actor todavía sigue pudiendo desarrollarse como espacio de creación.

No hay nada que me guste más que un buen proyecto, con un buen director (de actores en lo posible), buenos actores como compañeros, y tiempo de ensayo para volcarnos a crear.

El NO Asumido

Una amiga mía dice que nuestra profesión tiene una forma de selección muy perversa. Ella no entiende como todo el tiempo tenemos que estar haciendo casting, pruebas, audiciones, y que nuestra psiquis no se desequilibre.

De esto último no estaría tan seguro, pero de lo que sí es que para mantenerse en carrera y no caer en la desesperación, lo que se debe tener muy trabajado es la capacidad para recibir los NO uno tras otro.

En general, por cada trabajo que nos dicen SI, hay detrás cientos que nos han dicho que NO, hasta que inevitablemente hay que hacerse a la idea. No voy a negar que se sufre, porque mentiría. Y es que lo malo en esta profesión, es que no ofrecemos una silla o una mesa para que nos la compren, sino que nos ofrecernos a nosotros mismo, y cuando recibimos por respuesta el NO, nos pega directamente en toda la cara.

Con el tiempo se llega a comprender que no todo depende de uno, y que todo es muy relativo. Que un director de casting tenga que decidir si uno vale o no, por cinco minutos de prueba, es muy puñetero. Porque en esos cinco minutos hay tantos factores externos, que ya no depende del talento o no que uno tenga.

Después están los casos excepcionales, donde uno no entiende muy bien nada. ¿Cómo alguien puede evaluar si se canta bien o mal con sólo escuchar una escala musical?, ¿o si se es buen actor o no, con solo repetir un texto que te envían (la llamada separata) donde no sabes nada más que lo que dice una palabra detrás de la otra, y sin a veces, ninguna indicación?.

Pero es el sistema que hay y que parece, por los años que llevo en esto, que es el que seguirá. Mal de muchos consuelo de tontos, dice algún dicho, pero es así.

A veces es paradójico todo lo que envuelve a un casting. Estamos cansados de escuchar que los artistas trabajamos con material sensible, con nuestras emociones, etc. Sin embargo, algunos castings son lo más frío e impersonal que yo he visto. Te dan un número, en algunos casos esperas horas tirado por donde puedes, subes al escenario, ves en el patio de butacas a varias personas que no sabes quién es quién, te piden que digas el texto o cantes depende la prueba, terminas escuchas un “gracias ya te llamaremos”, y adiós.  Eso ha sido todo. Lo hice bien, mal, regular, ya es otro tema que te rondará en las miles de dudas que tendrás en la cabeza hasta que te llamen, o veas que pasa el tiempo, anuncian el estreno, y no te han llamado.

Pero lo importante creo, es no dejar de presentarse a todas las pruebas, cuantas haya y uno encaje, porque seguro que si no es en una será en alguna otra, y mientras no haya otro método de selección es lo que nos toca.

De Profesión: Trabajador

Muchas veces a la hora de presentarme o que me presenten, surge el mismo dilema, “como te presento? Como actor, como cantante, como director…?” Yo lo suelo resumir en una palabra: Trabajador.

En general tenemos, y sobre todo nos regimos por pensamientos limitantes. Existe la necesidad de encasillar a todo el mundo en compartimentos estancos, porque parecería que eso nos da seguridad, sin pensar que nosotros somos mucho más que una profesión, una cara, un estilismo. El saber qué es una persona y dónde lo ubicamos, nos libera de mucha presión ante lo desconocido. Cada vez nos tomamos menos tiempo para descubrir, y preferimos todo hecho.

Pero también hay algo que me llama la atención, ante mi respuesta, mucha gente reacciona con una medio sonrisita sarcástica: “¿trabajador?, en todo caso, artista”. “Y  trabajador” remato yo.

Una de tantas dudas que me rondan por la cabeza es, ¿por qué algunos desprestigian tanto la palabra trabajador? Y me gustaría aclarar que lo que hacemos en esta profesión es trabajar.

Nunca he creído y debo confesar que me chirría, cuando algunos de mis compañer@s suelen definirse como “seres especiales”.  ¿Especiales en qué? Y ampliaría con preguntar ¿Quién no es especial en este mundo?

A mí siempre me ha gustado cuando se refieren a un actor o actriz diciendo, tal o cual tiene oficio.

Yo soy un trabajador, que trabaja a veces sobre un escenario, con un micrófono, otras frente a una cámara, y las que más, en la soledad de mi casa estudiando o creando algo cuando el teléfono no suena, que en promedio, y que no salga de nosotros, suele suceder bastante.

En 31 años para 32 de carrera, tuve la fortuna de hacer de todo. Trabajé como actor, cantante, presentador, periodista (escrita, radio y televisión), como regidor, como productor, como guionista, tuve la osadía de bailar, dirigí varios espectáculos, trabajé en publicidad, en doblaje, vendiendo entradas, de tertuliano, pase por el mundo de las animaciones infantiles. Pude recorrer Argentina, Chile, Portugal, Italia, República Dominicana y Perú. Hice kilómetros y kilómetros de furgoneta, monté, desmonté. Disfrute de grandes escenarios, disfrute de tablones sobre cajones de refrescos, canté para los presos en la cárcel, canté para “ricachones” en una clínica de desintoxicación en Marbella.

En fin, hice de todo. No perdón de todo no. Creo ser uno de los pocos actores que no se jacta de haber trabajado como camarero. Será porque nunca me gusto el intrusismo, y colarme en el gremio de la hostelería también lo podríamos considerar intrusismo profesional, no?

Pero lo que sí puedo decir, es que todo se ha regido por un nexo en común, la pasión.

Me da igual que rol cumpla en esta profesión, sobre o debajo del escenario, delante o detrás de la cámara, en el Palacio Real de Nápoles o en un bar de mala muerte, con la cuenta corriente rebosante o debiendo una vela a cada santo. Este es el hábitat que he elegido y que me ha elegido, y no me quiero limitar a una etiqueta como creo que tampoco hay que limitarse en la vida. Existe un mundo de posibilidades para experimentar, para enriquecernos y no me refiero monetariamente, aunque tampoco estaría mal.

Sí, esta es mi pasión, mi profesión, mi vocación, pero sobre todo, también es mi trabajo y así lo reivindico.

Vocación no es querer hacerlo sino no poder dejarlo

De pequeño, a diferencia de cualquier otro niño de mi edad, yo podía echarme horas y horas con el ajedrez. Recuerdo que era un ajedrez con un tablero magnético, una cosa de avanzada para la época, regalo de unos tíos míos. La paradoja es que nunca aprendí a jugar al ajedrez. Las horas que yo empleaba en el juego eran para montar puestas en escena acompañado de la banda sonora con lo que alguna radio pusiera en ese momento. Las piezas del ajedrez iban tomando sus posiciones en ese tablero/escenario, donde el espectáculo, acompañado de mi imaginación estaba asegurado.

Pero la cosa no quedaba ahí, después de haber realizado varias “temporadas” con el ajedrez, mi carrera de niño poco común al resto iba en aumento. Sentado sobre el suelo del salón de mi casa, pegado al tocadiscos Philips, realicé los duetos con las figuras más reconocidas del mundo de la música. Eso sí, con las figuras que habían grabado los discos que había en mi casa. No solo me aprendía las canciones de memoria, sino que podía hacer todas las voces de los coros de cada tema. El disco del primer musical que tuve, “El Diluvio que viene”, con la dirección musical de Víctor Buchino, era garantía de eso. Voces, Coros, Contra cantos, todo me lo sabía a la perfección.

Mi carrera de niño “artista” no se quedaba ahí, era una carrera que iba en aumento, sobre todo cuando en el baño de mi casa cambiaron el espejo fijo de la pared y pusieron uno de tres espejos que podían moverse para que uno se viera en diferentes planos. Ahí nacía para mí el mundo del video clip. No podría decir la cantidad de canciones que habré cantado cambiando de plano según iba moviendo los diferentes espejos. Todos los efectos de movimiento de cámaras que impuso Valerio Lazarov en Televisión Española en los años 70, ya los había hecho yo con los espejos del baño de mi casa.

Y así podría contar mil historias hasta llegar a hoy. Lo que sí sé es que mi madre tuvo muy claro que lo mio era el teatro, y allí sin dudarlo me embarco, a hacerlo con Dolly Santillán, una señora que era nada más y nada menos que una ama de casa que amaba el teatro sobre todas las cosas, y de forma totalmente altruista, dedicaba su tiempo a dirigir el grupo de teatro de la escuela 149 “Almafuerte” de Ciudad Evita.

Leí hace poco una frase que me quedo dando vueltas en la cabeza. “La vocación no es querer hacerlo sino no poder dejarlo”.

Yo siempre había tenido la duda si es que a mí me gustaba el teatro porque mi madre, a mis cinco años me inscribió al mismo tiempo en la escuela y en el grupo de teatro, o porque ella tuvo el poder de observación para darse cuenta de que lo que a mi realmente me gustaba era el teatro.

Creo que ya no cabe duda alguna, no?

Estado de Sitio

El pasado 11 de enero mi amiga Esther Pumar, recordaba a través de su cuenta de Facebook, que se cumplían 7 años del estreno en el Teatro Falla de Cádiz, de uno de los últimos montajes, sino el último, del CAT (Centro Andaluz de Teatro).

ESTADO DE SITIO del escritor francés Albert Camus, contó con la dirección de José Luis Castro, la dramaturgia del portuense Juan García Larrondo, escenografía de Guiuliano Spinelli, el vestuario de Pedro Moreno, el maquillaje y peluquería de Manolo Cortés, música de Antonio Meliveo y la dirección vocal, entre otras cosas, de Julia Oliva.

Debo decir que para mí, fue toda una sorpresa haber formado parte de ese montaje. Tan poca era mi confianza en poder lograrlo, que eche la solicitud de inscripción el último día, al filo del cierre. Quien en realidad me convenció para hacerlo fue el actor Paco Inestrosa, que al preguntarle si se había presentado me comentó que buscaban actores/cantantes y él no cantaba. Y a continuación me dijo que por qué no me presentaba yo.

Mi pensamiento me hacía creer que, habiendo visto tantos montajes del CAT donde todo era “tan andaluz”, no me iban a coger ni a la de tres. Pero vaya a saber uno por dónde, me preseleccionaron para la audición que se hacía en Sevilla, y con María Agudo al volante de su coche, allí nos plantamos. Y de plantarnos casi florecemos, porque pasaban las horas y no salimos de la audición hasta bien entrada la noche.

La canción que elegí para la audición, era lo menos andaluza que se puede imaginar uno y además, un tema que suele ser cantado por mujeres, pero ahí estaba yo frente a Paco Ortuño, José Luis Castro y una pequeña gran mujer, Julia Oliva. Cuando terminé, José Luis rápidamente se puso de pie y me dijo si podía volver a la tarde del día siguiente con un monólogo aprendido. Le dije obviamente que sí, y ahí estaba retornando a Málaga para al día siguiente regresar otra vez a Sevilla.

El monólogo elegido fue de un personaje llamado Shylok de la obra del Mercader de Venecia de William Shakespeare: “Él me había avergonzado y perjudicado en medio millón, se rió de mis pérdidas y burlado de mis ganancias (…)”

Todo fue genial, salvo que Julia Oliva pidió permiso para sacarme a una sala contigua, y a solas conmigo me hizo hacer diferentes ejercicios para ver si podía lograr un acento lo más alejado del deje argentino. Eso sería lo que definiría si me quedaba o me iba a casa como había llegado. Pues me quedé.

A partir de ahí comenzaba la andadura de esta obra de Camus donde La Peste (Juanma Lara), con forma de oportunista y acompañado por su secretaria (Esther Ortega) , se apoderaba de la ciudad de Cádiz, imponiendo sus designios sobre la población, manipulando sus miedos y sometiéndola a su caprichosa voluntad. Los sentimientos y las emociones eran proscritos y solo el héroe Diego (Luis Rallo), tendría el arrojo suficiente para enfrentarse al poder establecido. Ya lo sé, dramón total.

Para empezar, todos los que éramos de fuera nos tuvimos que trasladar a vivir a Sevilla. En esta etapa compartí piso con Luis Centeno y Diego Falcón. Y teníamos como vecino, muy cerca un piso de otro, a José Pedro Carrión.

Toda la etapa de ensayos la recuerdo como el mismo texto de Camus. Por pasar, no dejo de pasar nada. Todo lo que uno se pueda imaginar que puede llegar a suceder cuando se junta a tanta gente, y cuando digo gente incluyo a los artistas, sucedió. Pero lo que para unos puede resultar un caos, para nosotros fue un trabajo en equipo que nos llevó por toda Andalucía. Todo lo que pudiese parece un obstáculo se sobrellevaba con el lema de “todos para uno”.

Como una de las tantas anécdotas, recuerdo grabar el diálogo que tenía con Carrión, y que saldría proyectado en una pantalla con mi careto en primerísimo plano, con una rodilla apoyada en una silla, tirando de abdominales o algo que dicen que tengo debajo de lo que yo llamo tripa, para sostener todo el cuerpo en el aire paralelo con el suelo mirando hacia abajo, donde estaba Julia Oliva acostada mirándome y marcando la curva melódica para que no se me fuera el acento castellano mientras decía el texto, y sumado a todo esto, el director moviéndose por ahí y pidiendo naturalidad.

Pues por esos milagros del teatro y el esfuerzo de todos, salió genial.

Y así fueron pasando los días y sumándose las anécdotas, llegamos al estreno, en ese hermoso Teatro Falla de Cádiz, del ESTADO DE SITIO.

Cuando lo vi en el perfil de Esther, me hizo mucha ilusión recordarlo, porque por suerte de todo tiempo pasado, que estoy seguro que no fue mejor, tengo la capacidad de rescatar sólo las cosas buenas. Las otras ya me sirvieron para aprender la lección.