De Profesión: Trabajador

Muchas veces a la hora de presentarme o que me presenten, surge el mismo dilema, “como te presento? Como actor, como cantante, como director…?” Yo lo suelo resumir en una palabra: Trabajador.

En general tenemos, y sobre todo nos regimos por pensamientos limitantes. Existe la necesidad de encasillar a todo el mundo en compartimentos estancos, porque parecería que eso nos da seguridad, sin pensar que nosotros somos mucho más que una profesión, una cara, un estilismo. El saber qué es una persona y dónde lo ubicamos, nos libera de mucha presión ante lo desconocido. Cada vez nos tomamos menos tiempo para descubrir, y preferimos todo hecho.

Pero también hay algo que me llama la atención, ante mi respuesta, mucha gente reacciona con una medio sonrisita sarcástica: “¿trabajador?, en todo caso, artista”. “Y  trabajador” remato yo.

Una de tantas dudas que me rondan por la cabeza es, ¿por qué algunos desprestigian tanto la palabra trabajador? Y me gustaría aclarar que lo que hacemos en esta profesión es trabajar.

Nunca he creído y debo confesar que me chirría, cuando algunos de mis compañer@s suelen definirse como “seres especiales”.  ¿Especiales en qué? Y ampliaría con preguntar ¿Quién no es especial en este mundo?

A mí siempre me ha gustado cuando se refieren a un actor o actriz diciendo, tal o cual tiene oficio.

Yo soy un trabajador, que trabaja a veces sobre un escenario, con un micrófono, otras frente a una cámara, y las que más, en la soledad de mi casa estudiando o creando algo cuando el teléfono no suena, que en promedio, y que no salga de nosotros, suele suceder bastante.

En 31 años para 32 de carrera, tuve la fortuna de hacer de todo. Trabajé como actor, cantante, presentador, periodista (escrita, radio y televisión), como regidor, como productor, como guionista, tuve la osadía de bailar, dirigí varios espectáculos, trabajé en publicidad, en doblaje, vendiendo entradas, de tertuliano, pase por el mundo de las animaciones infantiles. Pude recorrer Argentina, Chile, Portugal, Italia, República Dominicana y Perú. Hice kilómetros y kilómetros de furgoneta, monté, desmonté. Disfrute de grandes escenarios, disfrute de tablones sobre cajones de refrescos, canté para los presos en la cárcel, canté para “ricachones” en una clínica de desintoxicación en Marbella.

En fin, hice de todo. No perdón de todo no. Creo ser uno de los pocos actores que no se jacta de haber trabajado como camarero. Será porque nunca me gusto el intrusismo, y colarme en el gremio de la hostelería también lo podríamos considerar intrusismo profesional, no?

Pero lo que sí puedo decir, es que todo se ha regido por un nexo en común, la pasión.

Me da igual que rol cumpla en esta profesión, sobre o debajo del escenario, delante o detrás de la cámara, en el Palacio Real de Nápoles o en un bar de mala muerte, con la cuenta corriente rebosante o debiendo una vela a cada santo. Este es el hábitat que he elegido y que me ha elegido, y no me quiero limitar a una etiqueta como creo que tampoco hay que limitarse en la vida. Existe un mundo de posibilidades para experimentar, para enriquecernos y no me refiero monetariamente, aunque tampoco estaría mal.

Sí, esta es mi pasión, mi profesión, mi vocación, pero sobre todo, también es mi trabajo y así lo reivindico.

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